
El universo indio está poblado de presencias, el chino de energía.
La religiosidad india es teísta por lo que la mayor energía es la devoción (bakti) la religiosidad china es estética por lo que la mayor energía es el amor (amor universal)
Tanto una como otra son la fuerza que puede unificar lo que somos.
Son una cura para la depresión, la soledad y la ansiedad; un remedio para la ira y el aislamiento.
Desatan y liberan nuestros poderes creativos y nos dan libertad y paz mental.
Son las experiencias más dominantes e importantes de todas.
La primera depende de un delgado hilo llamado fe. La segunda depende de sí misma.
Creamos en una o en otra la energía es la misma, el amor.
El amor es potencia, el desamor es impotencia.
La ausencia de amor es desamor, los sentimientos que produce el desamor son la ira, el deseo de dañar o destruir tanto al otro como a uno mismo y al entorno.
La potencia es actividad, la impotencia es parálisis. Las acciones destructivas tienen por objetivo producir parálisis en el otro, en uno mismo o en el entorno.
El amor, la potencia, por lo tanto no pueden ser una teoría, sino una actividad, una acción, una acción que promueve otras acciones; el desamor, la impotencia tampoco es una teoría, sino una actividad, una acción destinada a frenarse a sí misma y a no engendrar otras acciones que generen potencia, aunque pueden generar otras acciones que generen más impotencia (la violencia genera violencia).
El primer paso, la primera acción amorosa debe estar dirigida al propio ser. No podemos amar si no nos amamos primero a nosotros mismos.
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