lunes, 23 de septiembre de 2013

Para hablar del siglo XXI hace una década atrás, o antes, era necesario ser un profeta; hoy vivimos una crisis global en lo financiero, crisis energética, crisis en la producción de alimentos, crisis en la política, crisis sanitaria, crisis de comunicación, crisis de valores morales, vivimos al borde de una guerra de escala mundial, hay un notable aumento de fenómenos naturales catastróficos; hoy cualquiera de nosotros, sin ser profeta, puede deducir el cambio que se avecina. Una de estas crisis hará eclosión y producirá un efecto dominó sobre las restantes. Todos lo sabemos, la pregunta es: ¿nos estamos preparando?
Sabemos que estamos viviendo el final de un tiempo que implica una transformación de los viejos conceptos políticos de Nación y Estado, económicos de trabajo, capital y distribución de la riqueza, sociales de clase y raza, filosóficos de conocimiento científico y saber vulgar, etc.
Como humanidad nos hemos dormido y estamos experimentando la brecha entre el mundo que queremos y el mundo que tenemos como una pesadilla, es hora de despertar!
Existe un modo disciplinado de obtener ayuda y conocimientos.
La conciencia así como todos los elementos, puede ser transmutada, de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de frecuencia en frecuencia.
La transmutación de la conciencia es una práctica, un método, del que participa el cuerpo físico, lo emocional, lo mental, lo energético y lo espiritual.
Y algo más debe tenerse en cuenta, la transmisión de los saberes en el siglo XXI debe hacerse con los métodos y las herramientas del siglo XXI, como dice Michael Harner, quien respondió con las siguientes palabras a las críticas dirigidas contra sus "cursos intensivos" sobre chamanismo, poco después del accidente de 1986 en la central nuclear de Chernobyl, en la Unión Soviética: "Si las grandes naciones del mundo trabajan día y noche en sus propios cursos intensivos para nuestra aniquilación mutua, no podemos permitirnos ir más despacio en nuestro trabajo en dirección opuesta. La pausada enseñanza que fue posible en las antiguas culturas tribales ha dejado de ser apropiada. Las fuerzas de destrucción nuclear y ecológica avanzan apresuradamente, y así también debemos hacerlo nosotros. Es preciso despertar a la gente, o puede que duerman eternamente. Y no sólo es preciso que despierten al conocimiento de la realidad ordinaria, por importante que ésta sea, sino a una comprensión personal, profundamente espiritual, de la interconexión de todo lo existente. Trabajemos unidos y tan rápido como podamos".

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